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por Pastor Michael Salemink
Entonces, Chris le dice a Jamie, “Yo no podría emitir un voto por alguien que apoya el aborto”. Y Jamie le responde, “Sabes, Chris, el aborto no solo es un problema electoral. También hay otras cosas importantes en las elecciones y en la política. Parece de poco criterio que te obsesiones solo en eso”.
¿Alguna vez has escuchado una conversación parecida? ¿Has tenido alguna vez una conversación como esta?
¿Alguna vez has conocido a alguien como Chris o Jamie? ¿Alguna vez te has sentido cómo Chris? ¿Cómo Jamie?
¿Es el aborto un problema electoral? Sí y No.

- El aborto no solo es un problema político. El aborto tiene que ver con los hechos y la verdad acerca de la ciencia de la vida humana—los embriones y los fetos son seres humanos vivos tanto como tú y yo. El aborto trata con el bienestar físico y psicológico de los más vulnerables entre nosotros—mata a los niños y hace sufrir a las madres. El aborto ejerce la injusticia de la discriminación en contra de unos y otros—los bebes antes de nacer enfrentan privación y muerte solo en base a su edad, apariencia, experiencias, medio ambiente o habilidades. Y el aborto involucra evaluaciones y realizaciones morales—¿quién tiene el derecho a la vida? ¿quién tiene la autoridad de quitar la vida? ¿cuándo podemos limitar el estilo de vida de alguien porque infringe la supervivencia de alguien más?
- El aborto no es un solo problema. El aborto es una conclusión que proviene de todo un conjunto de principios. Se relaciona con la economía, medicina y cuidado de salud, justicia y derechos civiles. Manifiesta como uno entiende el rol del gobierno y las leyes—¿Qué no deberíamos proteger al más débil? Afecta nuestro sentido de compromiso con la comunidad para con los menos privilegiados y en peligro—¿no quisiéramos más bien compensarles por lo que carecen en lugar de quitarles aun lo poco que tienen? Comunica lo que sentimos acerca de nuestras relaciones con los demás como ciudadanos de una sociedad—¿qué no nos debería importar más en lugar de descartarlo? Además, el aborto tiene consecuencias a largo plazo e implicaciones globales para los cuerpos individuales y para todas las poblaciones.
- El aborto no es simplemente un problema de opinión popular. Las encuestas no pueden establecer derechos y perjuicios. Las encuestas electorales no pueden determinar los deberes de los padres. Las boletas electorales no pueden definir el valor y propósito de una vida humana. Y aun las mayorías no pueden des-hacer la muerte. Claro, la gente tiene diferentes perspectivas y disputas emocionales acerca del acceso al aborto. Pero nada de esto altera la realidad lógica, biológica, social y ética del asunto. El aborto le da forma a la naturaleza de nuestro país y a la composición de nuestra cultura, sin mencionar la vida misma de sus víctimas.
- El aborto no es simplemente un problema personal. El aborto se conecta directamente con el bien común, especialmente con lo más insignificante de estas. Ocurre en la coyuntura entre los deseos de una y los requisitos de otra y el resto. Pone el dedo sobre la balanza que equilibra las prioridades corporativas con las privadas; acciones individuales con impactos cívicos; y nuestros recursos limitados y compartidos con nuestras necesidades legítimas específicas. Por mucho que queramos mantener a puerta cerrada la realidad del aborto, se infiltra en nuestra conciencia pública, conversaciones y colaboraciones. Y dados los intereses significativos y múltiples bajas, ahí es donde debe de estar.
- El aborto no solo es problema de la mujer. El aborto mata a los hijos—eso hace al aborto un problema de los niños. Cada hijo desciende tanto de la madre como del padre—eso hace el aborto un problema del hombre. También afecta a los empleadores y clientes, vecinos y amistades de la madre, del padre y del hijo. También involucra a los médicos y asistentes, farmacéuticos y fabricantes, periodistas y eticistas, estudiantes e investigadores, funcionarios y ciudadanos en situaciones similares. De hecho, el aborto exige ser considerado por todos nosotros porque estos son nuestros vecinos y este es nuestro país.
- El aborto no solo es un problema religioso. Oponerse al aborto no impone una doctrina. Reconoce datos científicos—que la fertilización da lugar a una vida humana distinta. Oponerse al aborto no obliga a cierta fe. Acepta hechos particulares—que matar judicialmente vidas humanas inocentes hace imposible la civilización y hace irrelevante a los gobiernos. Declarar el aborto fuera de la ley no favorece a una iglesia—favorece la seguridad, libertad y equidad para todos. Declarar el aborto fuera de la ley no da preferencia a una tradición sobre de otras—defiende a cada miembro de la raza humana.
- El aborto no es meramente un problema del evangelio. Las escrituras tienen mucho que decir acerca de la santidad de la vida humana. El evangelio de Jesús Cristo declara y demuestra que Dios crea, redime y llama a cada uno como Su propio tesoro para siempre. La cristiandad explora lo que esto significa de como los tratamos. Pero además de esto, las leyes biológicas de la naturaleza nos obligan a ver por esos pequeños seres. Prohibir el aborto es una realidad de la vida y función de la humanidad. Es cuestión del bien contra el mal y de la vida contra la muerte. Y ese es el entorno propio del gobierno y de las regulaciones.
- El aborto no es meramente un problema de la Ley. El embarazo significa que tenemos responsabilidades como comunidad. Esto es cierto aun cuando no tenemos una relación hereditaria con la madre o el bebé. Dios el Creador Todopoderoso ha hecho a los padres y niños nuestros vecinos. Pero también nos da privilegios. Podemos hablar la verdad que cambia corazones y demuestra amor que salva vidas. La responsabilidad del embarazo viene con oportunidades maravillosas. Nos invitan a recibir a cada niño (¡y a su familia!) como un regalo de nuestro Padre Celestial con quien podemos compartir todas las bendiciones que Él nos promete.
- El aborto no es un problema entre muchos. De hecho, el aborto en sí no es el problema. Más bien, lo que hace a un humano y lo que hace que la vida humana valga la pena son fundamentales. Todas nuestras deliberaciones, discusiones y decisiones sobre absolutamente cualquier otra cosa se derivan de ello. Aunque podemos debatir sobre la mejor manera de “como”, no tenemos ni espacio para negociar ni derecho para transigir acerca de “sí” protegemos a los amenazados entre nosotros. El derecho inalienable y celestial a la vida es primordial. La libertad y búsqueda de la felicidad siguen siendo muy importantes, pero secundarias.
- El aborto no es un problema de alguien más. Es tu asunto, es mi asunto y es nuestro asunto. Es nuestro problema como cristianos, es nuestro problema como ciudadanos y es nuestro problema como seres humanos. El aborto y la santidad de cada vida humana es mucho muy importante para las elecciones—más aun que cualquier otra cosa. Y es importante para mucho más además de las elecciones. ¡Es un problema de por vida!